Controla tu malestar: técnicas para relajarte.

La ansiedad con los años se ha transformado en la protagonista, o en otras palabras, en “la bruja mala” del panorama psicológico. Sin ir más lejos, se sabe que a nivel clínico la ansiedad es el núcleo de una amplia variedad de trastornos, desde las fobias (casi de cualquier tipo) hasta el estrés postraumático.  Las técnicas de relajación son una buena manera de comenzar a superar todo esto.

No obstante a nivel subclínico (ese nivel que no consideramos “patológico”) la ansiedad es también un problema. Los relatos en los que alguien siente la necesidad de escapar, se le revuelve el estómago o llega a sentir presión en el pecho aumentan día tras día. Al final se acaba diciendo que se está “agobiado” o “estresado”; palabras que acaban siendo formas suaves y aceptables de expresar ansiedad.

La realidad es que estas expresiones ya forman parte de nuestro vocabulario y hacen referencia a un problema lógico en vista del ritmo de vida actual. Estos niveles “moderados” de ansiedad se han convertido en elementos mentales comunes para una gran mayoría. No obstante, resulta llamativo que, pese al amplio abanico de técnicas de relajación que existen, solo se conozcan una o dos, y gracias a Hollywood.

Técnicas de relajación: 3 opciones

Es por este protagonismo que ha recibido la ansiedad, que desde la psicología se ofrecen una amplia variedad de recursos para reducirla. A continuación se resumen 3 técnicas (muy fáciles de encontrar y de poner en práctica) con este fin. Veamos si podemos ir un poco más allá del “contar hasta diez” o del “respirar hondo y pensar en una playa”.

Técnicas de relajación 1: La relajación progresiva de Jacobson.

Edmund Jacobson desarrolla esta técnica entendiendo relajación como desactivación muscular, buscándola mediante la no activación del cuerpo. Es decir, en vez de emplear    ningún procedimiento mental, seguir la orden estricta de “no hacer nada”, aplicada específicamente a todos los grupos musculares.

Para la ejecución de esta técnica es necesario detectar la tensión en los músculos (por pequeña que sea), aprender a reducir esta tensión (no haciendo nada con esos músculos) y saber reducir la tensión de diferentes grupos musculares diferenciadamente. Aquí tenéis un ejemplo del procedimiento.

Técnicas de relajación 2: El entrenamiento autógeno de Schultz.

Este tipo de relajación se rige mediante la lógica contraria. Es decir, en él se entiende que es a través de imágenes mentales o sugestiones como se consigue el estado óptimo de relajación. De esta forma, se inducen sensaciones como pesadez, calor, cosquilleo o frescor en grupos musculares específicos, siempre con el fin de relajarlos.

El procedimiento consistiría en situarnos en una postura lo más cómoda posible, en un ambiente calmado, y poco a poco, empezar a inducirnos a nosotros mismos las sensaciones mencionadas mediante frases como: “El brazo derecho está pesado” (sensación de pesadez).

Técnicas de relajación 3: El entrenamiento en respiración de Benson.

Esta técnica se identifica generalmente con la meditación. Herbert Benson, tras haber estudiado los efectos positivos de la meditación y los diferentes ciclos de respiración, decide combinar ambos en esta técnica.

 

Esta se caracteriza por poseer elementos de la primera, como un objeto en el que centrarse (mantra), una actitud pasiva ante distractores, un ambiente tranquilo y una postura cómoda, y de la segunda; la respiración abdominal, como el empleo de ciclos respiratorios amplios y lentos.

La técnica se aplicaría concentrándonos en ese objeto a modo de mantra, repitiéndolo en nuestra mente periódicamente al final de cada ciclo respiratorio, tomando una actitud pasiva ante posibles pensamientos distractores.

Tomar el control.

Como ya se ha podido ver, hay varias opciones. Y hay una infinidad más de ellas; esto solo es una pequeña muestra de las posibilidades que hay antes de volver a emplear la palabra “agobio”. Es comprensible que sea más sencillo y rápido recurrir a la queja para satisfacer nuestras ganas de descargar ansiedad. Pero quizás esto plantea una pregunta: ¿Buscamos inmediatez o calidad de vida?

Al principio se comentaba la expresión “agobiado” como una forma aceptable de expresar ansiedad. ¿Alguien se ha parado a reflexionar por qué está aceptado? Efectivamente, las variables sociedad y tiempo influyen, pero ¿será cierto que estamos acostumbrados ya a vivir ansiosos?

Hagamos un parón. Ya se conoce la enorme cantidad de efectos negativos que tiene la ansiedad sobre nuestro organismo. Ha llegado el momento de que dejemos de comernos las palabras “subclínico”, “moderado” o “agobiado” como pipas; todas dejan de tener sentido si nos dan permiso para estar ansiosos, o en otras palabras, para sufrir. Tomemos las riendas.